ROCK CALLEJERO RADICAL VASCO (Tomás González Lezana)

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Nuestro colaborador en la cuarta Review de género dedicada al Punk, Tomás González Lezana, autor de Punk, pero ¿qué punk? Guía incompleta del punk nacional (LaFonoteca, 2017), aborda las conexiones entre el punk y el rock urbano con un puñado de ejemplos tomados del RRV de mediados de los años ochenta.

ROCK CALLEJERO RADICAL VASCO

por Tomás González Lezana

Para muchos sigue existiendo debate acerca de si La Banda Trapera del Río hacían punk o si, por contra, lo suyo era más bien rock de las barriadas de Barcelona; de si su música, aun sirviendo de protopunk para todo lo que vino después en los 80 en la Ciudad Condal (recuérdese que en sus conciertos se pudo ver como público a varios de los que serían protagonistas en grupos como, por ejemplo, Último Resorte), se circunscribía más correctamente a lo que desde Madrid hicieron Leño o el mismo Ramoncín. De igual manera cabe preguntarse por algún ejemplo similar en el Euskadi del Rock Radikal o, equivalentemente, si existió alguna relación entre toda la explosión allí desatada bajo esa etiqueta.

Reconversiones industriales, cierres de astilleros y de altos hornos, un momento político especialmente caliente, y la determinación de mostrar unas señas de identidad con las que distinguirse del resto del Estado, fueron el caldo de cultivo idóneo de una de las escenas punk más activas. Instrumentalizada con mayor o menor éxito por la izquierda abertzale que, sin embargo, vio con recelo el papel predominante que jugaba algo tan sospechosamente poco autóctono como el rock, la crítica y protesta se empapó de una componente política que no tuvo el género en otros lugares.

Aquello fue, principalmente punk, pero uno de los buques insignia de Soñua, el pequeño sello navarro al que se le achaca incluso la paternidad de la etiqueta de marras, fueron precisamente Barricada. Los de Pamplona, ciudad que en su mismo casco urbano tiene ya de por sí en calles como Navarrería, Calderería o Jarauta todo un pulmón combativo, provenían, sin embargo, de la Txantrea, barrio que inspiraría el título de su Barrio Conflictivo (Soñua, 1984). Uno de los discos para los que contarían con la producción de Rosendo Mercado, poniendo de manifiesto así la conexión con esa vertiente de calle del rock al que nos estamos refiriendo. Con todo el componente borroka consustancial casi a la mayor parte del punk rock de la época, la de Barricada era eso, rock centrado en el día a día de su calle, de su barrio. En sus canciones reconocían por ejemplo no conocer bien otras zonas de la capital navarra como San Juan, donde terminaba el protagonista de Todos mirando en el balcón de la casa, sorprendido por la llegada inesperada del marido del ligue de esa noche. Desde su debut dejaron claro su condición de fauna de billares y futbolines, la verdadera academia de la vida de los colegas del asfalto y la acera.

Barricada – Todos mirando (1987)

Lo de Odio, también tuvo mucho de rock contestatario de barriada. Su localidad de origen, Rentería, conformaba junto a Mondragón y poblaciones limítrofes guipuzcoanas un eje especialmente duro, en el que la bandas de punk y, especialmente, los seguidores que movilizaban se distinguieron por su comportamiento violento allí donde iban. «En nuestros tiempos había hostias hasta en las verbenas populares, así que no consideramos que nosotros moviésemos a los violentos, era más bien algo generalizado», se defendían los componentes de Odio cuando les preguntábamos desde LaFonoteca al respecto. En su Ciudad sin ley rescatada en el CD posterior Esclavos del Capital ¡Miseria para Siempre! (Fragment, 2011) describían sin tapujos cuál era la situación en su ciudad: «Somos las huestes de una ciudad destrozada / donde la ley nunca tuvo orden / y el orden es la lucha cotidiana». De igual manera es suya una de las crónicas, probablemente más desgarradoras, del azote que supuso la heroína entre la juventud del momento, la de la letra de Fase terminal:  «Vivir en la calle tu juventud / Cuando todo era una mierda todo era ful / Salir a la calle sin ilusión / por tus venas corre sangre de revolución /Día tras día sin saber qué hacer / te perdiste en el abismo de un gran placer / el placer de una mierda que hoy no quieres ver / acompañando una jeringa te sentiste bien».

Odio – Fase terminal (2011)

Similares coordenadas trabajaron Infarto, a mitad de camino entre  los propios Odio y Basura, grupos, por otro lado, hermanados y con cierto trasiego de componentes entre ambos a lo largo de sus trayectorias. Llegarían a compartir escenario con Doble 0, germen de los posteriores R.I.P. Infarto únicamente entraron en estudio una vez en 1980 dejando grabado para la ocasión cortes titulados Sois una puta mierda y lo sabéis, Tensión social, Joven no te levantes, Caballo de blanco color o Vive sin ilusión. Recientemente el fanzine Matxinada ha editado todo este material en forma de vinilo, en lo que muy probablemente sea ese eslabón perdido de rock-punk primigenio vasco que en Barcelona ejemplificaron la ya mencionada Banda Trapera.

También navarras, como Barricada, fueron Belladona, y como ellos hicieron rock duro callejero. Entre sus filas militaba Aurora Beltrán, quien posteriormente desarrollaría una trayectoria en solitario de largo recorrido. Las propias Vulpess eligieron para su vídeo para la controvertida Me gusta ser una zorra ambientación de billares y motos en estética heavy.

Atendiendo a sus orígenes desde Salvatierra (Álava) y sus proclamas, La Polla Récords practicaron la versión rural, patatera, del punk vasco de los 80. Eso sí, existe documento gráfico, de ficción, que muestra a Evaristo Páramos, su cantante, en una sala de billares. Fue en el más que improbable cameo con Ana Belén en la película Adiós Pequeña (Imanol Uribe, 1986). Por lo demás poco más que la desoladora descripción del sitio donde decía vivir el protagonista de su canción se puede adscribir a tintes de rock urbano.

R.I.P. – Incorruptible (1987)

R.I.P., exponente del hardcore más duro de la época, sí que dejaron pinceladas de lo que era el paisaje desolador de las ciudades en las que les tocó vivir a los jóvenes: «Me voy a cagar en la sociedad y en toda la gente / Viejos asquerosos a currar para ganar una mierda / Mujeres podridas a barrer para que vea la vecina» decía la letra de Incorruptible en su No Te Muevas (Basati, 1987) o «Vivís en colmenas tapizadas, soñáis con un sólido futuro» de Escoria.

Explícitos también en mostrar lo sórdido del paisaje industrial de la margen izquierda del Nervión, Eskorbuto también dejaron su impronta en las letras de muchas de sus canciones. «La ciudad es una mina / el desastre se aproxima / pisarás, explotarás, reventarás / Ciudad conflictiva / Heavies, punkies, rockers, mods y policías, hippies y pies negros / y otras porquerías», cantaban en Ciudad conflictiva y «Mirarás al cielo y verás una gran nube sucia / No lo pienses, no lo dudes / Altos Hornos de nuestra ciudad / Mirarás sus fachadas llenas de mierda, llenas de mierda» en Ratas en Bizkaia. Pocos como ellos para establecer contactos con la parte dura del rock callejero narrando la alegre juventud de la juventud vasca del rock radical.

Eskorbuto – Ratas en Bizkaia (1984)