(II)GARAGE ROCK: UN RELEVO GENERACIONAL ESPONTÁNEO

La história de los géneros Publicado por

Gracias a las emisoras regionales de onda media, un grupo novato podía alcanzar cierta repercusión a escala local. Nunca serían tan famosos como para que les pidieran autógrafos por la calle, pero sí lo suficiente para desbancar del podio a los deportistas del instituto. Esa efervescencia musical sin pretensiones fue la que intentó documentar el crítico y músico Lenny Kaye junto a Jac Holzman, fundador del sello Elektra, en el legendario recopilatorio Nuggets (1972): un doble álbum con veintisiete canciones indispensables para conocer la primera hornada de bandas de garaje-rock.

Algunas de aquella bandas gozaron de un éxito efímero, como Count Five, The Castaways, mientras otras contaban con todas las papeletas para haberlo tenido, como The Remains, se quedaron en la cuneta. Pero también hubo quien supo sacarle partido a su condición de grupos de culto con efecto retroactivo, como en el caso de 13th Floor Elevators o The Electric Prunes. Todas ellas, bandas colindantes con la primera ola de la psicodelia, a las que unía un único denominador común: ese sonido eléctrico y saturado de fuzz que el propio Lenny Kaye describió en el libreto como “punk rock”. No en vano, la naturaleza volátil del “sonido garage” hace de él una suerte de cajón desastre donde conviven en armonía estilos aparentemente antagónicos.

13th Floor Elevators al límite de la psicodelia con You’re Gonna Miss Me (1966)

Tanto es así que, por más que el subtítulo del recopilatorio se hiciera eco de los “artefactos originales de la primera era psicodélica”, la noción que tenían del punk un grupo como The Ramones apelaba directamente a los orígenes del garage rock, oponiéndose a la domesticación de la rabia juvenil que tomaría el relevo de la autogestión musical en la década siguiente. No en vano, las grabaciones de garaje rock se financiaron con el dinero de las propias bandas y las canciones sonaban primitivas precisamente porque eran honestas y se interpretaban del tirón en el estudio, sin necesidad de florituras orquestales ni alardes de ningún tipo. La energía y la frescura eran más importantes que la calidad del sonido y el hecho de quedarse a mitad de camino de sonar como sus grupos favoritos les llevó a explorar territorios más fructíferos y personales. ¿En qué estilo podríamos encasillar, si no, a bandas como MC5 o The Stooges?

MC5 bailando al filo de la navaja al son de Kick Out The Jams (1969)

Cuando se habla de garaje-punk, el primer nombre que sale a relucir es The Sonics. Su carisma salvaje creó escuela entre los adolescentes, gracias a sus gritos, sus letras provocativas y la distorsión al máximo. Es más, fueron los principales responsables de sentar las bases para la vibrante escena musical de Seattle. En los años 90, Kurt Cobain les dedicó estas palabras: «The Sonics grabaron de manera muy precaria. Usaban un único micrófono para la batería, pero el sonido de sus tambores sigue siendo el mejor que he escuchado. Sigue siendo mi favorito. ¡Nunca había escuchado a nadie pegarle tan fuerte!». Lo que no sabía el líder de Nirvana era que los auténticos pioneros del garaje-punk venían de Lima (Perú) y se llamaron Los Saicos. A pesar de su corta existencia, el paso del tiempo los ha revelado como la banda más influyente de su generación, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Quizás porque sus canciones sintonizaron a la perfección con el clima de subversión juvenil, eran ruidosas e invitaban a destruir cosas.

Los Saicos se inventaron el garage-punk en 1969

Lux Interior lo resumiría en una sola frase: «¿Oís eso? ¡Son las hordas del punk llamando a la puerta!». The Cramps recorrieron 2.000 kilómetros en una destartalada camioneta y actuaron para los internos de un psiquiátrico de Florida en 1978. Su histriónica combinación de rockabilly y surf-rock alumbraría una nueva estética garagera: el psychobilly. Un desvío de los cauces del rock’n’roll clásico por la vía rápida de la cultura pop, esto es, los comic-books, el cine de terror de serie B, el erotismo de las pin-ups y el humor macabro de Halloween. La teatralización del género avanzaría en paralelo a los primeros coletazos del rock gótico y acusaría el hartazgo de la plaga de los “nuevos románticos”. Es por eso que, en los albores de los años 80, se produjo la que algunos consideran –literalmente–la resurrección del género, impulsada por The Lyres, The Fuzztones y The Cynics. El componente nostálgico de lo que vino en llamarse “garaje revival” implicaba un regreso a las raíces casi arqueológico. Los músicos no se conformaban con imitar el aspecto de sus ídolos mediante la vestimenta retro y los cortes de pelo, sino que se esforzaron por reproducir el sonido de los años sesenta de la manera más fidedigna posible, recurriendo al mercado de instrumentos musicales de segunda mano o empleando trucos de estudio para conseguir “sonar a viejos”.

Con Don’t Give It Up Now, The Lyres ya sonaban a clásico en 1979

El efecto mitómano comenzaría a remitir en los años noventa, en parte gracias a los pioneros del grunge Mudhoney, cuyo debut Superfuzz Bigmuff (1988) reivindicaba la capacidad inagotable del género para reinventarse, sin traicionar por ello sus principales señas de identidad. A lo largo de medio siglo de existencia, el garage rock se ha extendido como un virus a lo largo y ancho del planeta y, siguiendo un proceso análogo al de la gripe común, ha ido mutando al entrar en contacto con tradiciones musicales que le eran completamente ajenas, como ocurrió en la República Checa, Turquía, Suecia, Italia, España o Latinoamérica. De cada nueva cepa, brotaron versiones dotadas de una sorprendente adaptación al medio. Solo así puede entenderse el éxito cosechado por The Strokes, The White Stripes o The Hives en un mercado monopolizado por el indie, o el pletórico estado de forma de artistas actuales como Ty Segall, The Black Lips o Thee Oh Shees. Bastaría con aplicar el anunciado de la primera ley de la termodinámica: el garage rock no se crea, ni se destruye: simplemente se transforma.

King Gizzard & The Lizard Wizard – People/Vultures (2016)

Escrito por David Bizarro

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