(III) RHYTHM AND BLUES Y ROCK’N’ROLL: ¡NO SOMOS DELINCUENTES JUVENILES!

La história de los géneros Publicado por

En los años 50 existían más de 10.000 bandas callejeras en los EEUU. La mayoría de sus miembros eran hijos de inmigrantes: irlandeses y latinos, pero también asiáticos y afroamericanos. Solían reunirse en los esquinas de las calles para marcar su territorio y cantaban “a capella” improvisando letras contra sus enemigos. Un tipo de música grupal, sin acompañamiento instrumental, similar al empleado por los presidiarios durante sus jornadas de trabajos forzados, mitad góspel y mitad blues: lo llamaron “doo-woop”.

En 1957, Frankie Lymon obtuvo un éxito arrollador con I’m Not a Juvenile Delinquent. Era su quinto single con The Teenagers, una banda juvenil que había formado junto a sus hermanos y un par de amigos del barrio. En apariencia se trataba de una canción melódica bastante inocente pero, como veremos a continuación, su letra se hace eco de una realidad bastante más dramática. Por esos años, las pandillas callejeras ya habían adoptado el rock and roll como su nuevo grito de guerra y trasladaban sus broncas de la calle a los salones de baile. El “rock and riot” (de “tumulto”) propició que los nuevos pasos de moda se contagiaran de la clase de violencia coreografiada que Robert Wise filmaría en tecnicolor para West Side Story (1961).

West Side Story – Prólogo

Concebida como una versión moderna de Romeo y Julieta, la película narra el enfrentamiento de dos bandas callejeras que se disputan la hegemonía de un vecindario neoyorquino. El escenario no es casual: desde principios del siglo XX, las bandas mantuvieron sus propias disputas territoriales en la isla de Manhattan. Los italianos dominaban los barrios de East Harlem y Little Italy, los irlandeses en Hell’s Kitchen, los alemanes en Yorkville, los chinos en Chinatown y los judíos en el Lower East Side. El problema se agravaría al finalizar la II Guerra Mundial, cuando la ciudad recibió una nueva ola de inmigrantes afroamericanos procedentes de los estados sureños y a portorriqueños del Caribe que acudían a la llamada del sector industrial. Y a pesar de que los esclavos negros que habían llegado a Nueva York durante el siglo XIX como ciudadanos libres pudieron asentarse en Harlem de manera pacífica, los recién llegados tuvieron que enfrentarse con el nuevo clima de tensiones raciales.

Aunque la mayoría de los habitantes de estos “barrios de segunda generación” se sentían plenamente integrados en la sociedad norteamericana, conservaron la lengua y costumbres de sus padres negándose a renunciar de la identidad cultural de sus ancestros. Los emblemas que lucían los pandilleros en sus chaquetillas buscaban reforzar los lazos de pertenencia a una comunidad, lo que en cierto modo los convierte en los precedentes directos de las camisetas de las bandas de rock. No en vano, la problemática de la delincuencia juvenil que afectaba al país de Costa a Costa, se había convertido en trendin topic para la industria del espectáculo, siempre dispuesta a sacar tajada de la publicidad gratuita de los noticiarios. Al instaurarse la figura del greaser como estereotipo sensacionalista del rock and roll, la persecución al género musical cobró nuevas dimensiones.

Documental sobre la convivencia pacífica de pandillas en San Francisco (1961)

Cuando Frankie Lymon & The Teenagers grabaron su canción, sus temas anteriores ya habían irrumpido con fuerza en las listas de ventas, como por ejemplo Why Do Fools Fall in Love y I Want You to Be My Girl. Convertido en un niño prodigio por la industria musical, Frankie encarnaba el ideal del estilo high-school de la época, hasta entonces dominado por los intérpretes blancos. No lo había tenido fácil para superar los prejuicios raciales que marcaron su infancia: se había criado en Harlem y pertenecido a una pandilla callejera con tan solo diez años con la que se dedicaba a trapichear con droga y cometer pequeños hurtos. Hasta que a los doce años empezó a tener serios problemas con la policía y decidió emprender una carrera musical junto a sus hermanos para alejarse de las calles. Y sobre eso trataba precisamente I’m Not a Juvenile Delinquent:

No soy un delincuente juvenil/ No-no-no…/ Haz lo correcto/ y no harás nada malo/ La vida será tan buena que estarás en el paraíso./ Lo sé, porque no soy un delincuente juvenil./ Escuchad, chicos y chicas/ no tenéis porque estar tristes/ y la vida es lo que hacemos con ella / Todo depende de vosotros/ Lo sé porque no soy un delincuente juvenil./ Es fácil ser bueno, lo difícil es ser malo/ aléjate de los problemas y te alegrarás/ Sigue mi consejo, y ya verás/ lo feliz que serás/ Oh-oh, chicos y chicas, ésta es mi historia/ y añado toda mi gloria/ Lo sé, porque no soy un delincuente juvenil…// No, no, no, No soy un delincuente juvenil.

Pero el último acto de su drama personal tuvo lugar en 1968. Consumido por sus adicciones, Frankie murió a los 25 años en la casa que su abuela tenía en Harlem. Como muchos artistas de su generación, Lymon vivió demasiado rápido y nos dejó demasiado pronto, al estilo de James Dean, fallecido en un accidente de coche antes de que la película que hizo de él un mito llegase a las pantallas. “El secreto de James Dean ha sido saber morir en el momento preciso”, declararía al respecto Humprey Bogart. “De haber vivido más años, nunca hubiera podido sobrevivir su leyenda”. Tenga o no razón, lo cierto es que al ingresar en el “olimpo teenager” en la flor de su vida sentaría un peligroso precedente para las rock stars posteriores. Pero todavía habría de producirse una despedida mucha más traumática el 3 de febrero de 1959, al estrellarse la avioneta de cuatro plazas en la que viajaban Buddy HollyRitchie Valens y The Big Bopper en un campo de maíz de la pequeña localidad rural de Clear Lake, en el estado de Iowa. Para muchos, la muerte de tres de sus más grandes estrellas supuso el acta de defunción del periódico clásico del rock and roll. Los convulsos años 60 llamaban a las puerta del cielo y pedían a gritos una nueva banda sonora para la siguiente generación…

Don McLean resume el auge y caída del rock and roll en American Pie (1971)

Escrito por David Bizarro

(CONTINUARÁ…)

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