(II) PUNK: ROMPERLO TODO, EMPEZAR DE NUEVO.

La história de los géneros Publicado por

Profit I de Jean-Michel Basquiat (acrílico y spray sobre lienzo, 1982)

«Los Sex Pistols cantaban ‘No Future’. Pero sí hay futuro, y estamos intentando construirlo» –Allen Ravenstine, teclista de Pere Ubu (1978)

En enero de 1978, un año antes de la victoria de Margaret Thatcher, los Sex Pistols ofrecieron su último concierto en el Winterland Ballroom de San Francisco. Después de interpretar una versión del No Fun de The Stooges, su líder Johnny Rotten formuló su famosa pregunta: «¿Alguna vez os habéis sentido estafados?». La retórica ocultaba un pronunciamiento algo más ambiguo: por un lado, asumía su parte de responsabilidad en el fracaso de un movimiento musical que se había convertido en una triste parodia de sí mismo. Por otro, exhibía abiertamente su cabreo con Malcolm McLaren, ideólogo, productor y mánager del grupo, que había logrado encumbrarlos a cambio de robarles su dinero. Aquella traición resultó doblemente dolorosa, al constatar que una forma de expresión con tanto potencial y abierto a múltiples alternativas había degenerado en mera fórmula comercial. O peor aún, había demostrado ser una inyección rejuvenecedora para la misma industria musical que los punks habían tenido la esperanza de derrocar.

Desde el escenario, Rotten divisaba un mar de crestas de colores que rivalizaban con las pelucas de los Lores. Borceguíes y restos de uniformes, provenientes de los saldos de las tiendas de artículos militares, completaban los estilismos de una horda aficionada al cuero, el látex y los imperdibles. La visión le resultó tan descorazonadora como para emprender su cruzada personal contra el adocenamiento fashion victim del punk: «Nunca escuchas una palabra de lo que digo / Sólo me miras por la ropa que visto / ¿O es que tu interés es mucho más profundo? / Debe ser por el color de mi pelo».

P.i.L. – Public Image (1978)

El debut de P.i.L (Public Image Limited) dejaba a la vista las vergüenzas del traje nuevo del Emperador y apuntaba con el dedo corazón hacia la boutique que MacLaren y su esposa, Vivianne Westwood, regentaban en King’s Road. «Por aquella época, yo no me consideraba una diseñador de moda», recuerda Westwood cuando se cumplen 40 años de la explosión punk. «Utilizaba la ropa como medio de expresión de mi propia rebeldía. Yo venía del campo, y cuando que llegué a Londres, me pareció un lugar muy triste y estúpido. Mi verdadera ambición era llegar a entender el mundo en que vivimos». Pero no todo lo que lleva imperdible es punk. Ni todo lo punk lleva imperdible, como nos recordaba Evaristo Páramos de La Polla Records en el verano de 1984: «La cosa tiene su gracia / Ya tenemos ídolos / Fabricamos nuestros dioses / preparamos las poses / siempre atentos a la foto / Punki de postal, punk de escaparate / Moda punk en Galerías, ¡Muy punk!».

The Pop Group – She’s Beyond Good and Evil (1979)

«Vuestro mundo se construye a base de mentiras», nos advertía Mark Stewart en We Are Time de The Pop Group.  A punto de descorchar la década de los ochenta, la acción revulsiva de aquel fuego primigenio comenzaba a perder fuelle a manos de la MTV y la hegemonía de la New Wave, el feliz sedimento pop e inocuo del punk. Pero la política de recortes sociales acometida por la Dama de Hierro generó un clima de indignación que inspiró los primeros síntomas de disidencia desde el seno de la radiofórmula. Canciones como Stand Down Margaret de The Beat y la celebérrima Ghost Town de The Specials, sobre los efectos del paro y la crisis económica en las urbes industriales inglesas, ofrecieron una imagen del Reino Unido totalmente diferente a la uniformidad de clase alta defendida por los conservadores. La recesión económica, el desmantelamiento del estado del bienestar y el auge de la extrema derecha del National Front fue combatido mediante el caos, la insolencia y la desesperanza de la primera ola de bandas como UK Decay o los anarco-punk Crass, quienes se sumaron en un ataque frontal contra la Thatcher y la guerra de las Malvinas. Un ataque que la bancada conservadora se tomó tan en serio que a punto estuvo de reportarles graves consecuencias.

Vulpess – Me gusta ser una zorra (1983)

Con motivo de la inauguración en 2015 de la muestra colectiva Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo en el Centro de Arte Dos de Mayo de Móstoles, la historiadora Glòria Guso estableció un mapa de “momentos icónicos” del punk. Un mural de disidentes que transitaba desde el urinario de Duchamp hasta el escándalo de las Vulpess en TVE o la persecución de las Pussy Riot, y que ilustraba ese “estruendo prolongado” del que hablaba Greil Marcus en Rastros de carmín: una historia secreta del siglo XX (1989). En su influyente ensayo, Marcus argumenta el legado punk de los aullidos dadaístas, extendiéndolo hasta los eslóganes de los situacionistas, que vagaban sin rumbo por las calles de París rechazando su cartografía e imaginando otra ciudad y otro mundo. Aquel ‘No Future’ de los Pistols se arrogaba íntegramente al presente y suscitó un vibrante sentimiento de urgencia, redefiniendo el punk como imperativo de un cambio constante.

Television Personalities  –  Part Time Punks (1978)

Al mismo tiempo que Part Time Punks de Television Personalities y A Different Story de Subway Sect sacaban punta al fracaso del punk y especulaban acerca del futuro, la vanguardia del denominado post-punk, bandas como Joy Division, Throbbing Gristle, The Contortions y Scritti Politti eran acusadas de recaer en el elitismo artístico que, originalmente, el punk se había propuesto destruir. No en vano, un alto porcentaje de aquellos músicos provenía del entorno de las escuelas de arte. La escena no wave en Nueva York, por ejemplo, estaba integrada casi en su totalidad por pintores, cineastas, poetas y artistas escénicos y Gang Of Four, Wire y The Raincoats son solo algunas de las bandas británicas fundadas por graduados en Bellas Artes o en Diseño. El prejuicio contra los intelectuales salpicaría indirectamente a John Lydon o Mark E. Smith, de The Fall; lectores voraces ambos y, sin embargo, desdeñosos respecto de la academia y desconfiados del arte en sus formas institucionalizadas. Aunque, en realidad, ¿qué podría ser más arty que querer destruir el arte, echar por tierra los límites que lo mantienen aislado de la vida cotidiana?

Générateur de Sylvain Bouthillette (acrílico sobre lienzo, 2012)

El afterpunk se sumó al constructivismo con Bauhaus y algunos diseñadores gráficos, como Malcolm Garrett y Peter Saville, revolucionaron con sus portadas neomodernistas la estética de los sellos discográficos independientes Factory y Fast Product. El trío de post-punk electrónico Cabaret Voltaire tomó prestado su nombre del movimiento dadaísta, y los norteamericanos Pere Ubu adoptaron el suyo de Alfred Jarry. Talking Heads versionaron un poema sonoro de Hugo Ball para las pistas de baile. Entregados a la tarea de concretar la revolución musical inconclusa, los pioneros del post-punk exploraron nuevas posibilidades al incorporar la electrónica, el noise, el jazz y la música contemporánea a las técnicas de producción del reggae, el dub y la música disco.

Eskorbuto guiñándole un ojo al Death Disco de P.i.L en 1986

¿Y qué pasa con España?, os preguntaréis. Nuestro colaborador Tomás González Lezana es el autor de Punk, pero ¿qué punk?. Guía incompleta del punk nacional (2017), que acaba de llegar a las librerías de la mano de La Fonoteca. Se trata del repaso más exhaustivo sobre el punk escrito en nuestro país y profundiza en las escenas de Euskadi, Barcelona y Madrid de principios de los 80. Analiza la escena local, los diferentes subgéneros del punk y cede el protagonismo también a los principales grupos españoles del género. Como no puede ser de otra manera, por sus páginas gotean los nombres de La Banda Trapera Del Rio, Cicatriz, Kortatu, T.N.T., Los Nikis, P.P.M., Siniestro Total, P.V.P., Décima Víctima y muchos otros actores principales o secundarios del movimiento.

También en su último libro, Santos y francotiradores: supervivencia, literatura y rock & roll (2016), el periodista musical Luis Boullosa dedica un apartado a la escena actual, destacando los nombres de Cuchillo de Fuego, Juventud Juché, Biznaga o los ya extintos Fabuloso Combo Espectro, como claros exponentes de un “nuevo punk ilustrado”. La generación mejor preparada de nuestra historia se enfrenta a la precariedad desde una perspectiva más heterodoxa, huyendo de los lugares comunes del género. Manteniendo viva la llama de un incendio perenne.

Biznaga – Mediocridad y confort (2017)

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Escrito por David Bizarro

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(I) PUNK: HISTORIA CULTURAL DE UN INCENDIO