(I) PUNK: HISTORIA CULTURAL DE UN INCENDIO.

La história de los géneros Publicado por

El Manifesto Punk de Legs McNeil en la exposición Punk Art (Washington DC, 1978)

«Para empezar, voy a decirte lo que pienso que el punk no es: no es una moda, ni un estilo particular de vestir; tampoco una fase pasajera de rebelión contra los padres, ni la última tendencia musical. Es una idea que puede orientar e inspirar tu vida. La comunidad punk existe para mantener y realizar una idea a través de la música, el arte, los fanzines u otras vías de expresión para la creatividad personal. ¿Cuál es la idea? Piensa por ti mismo, sé tú mismo, no acojas sólo lo que la sociedad te ofrece, crea tus propias normas, vive tu propia vida.»

–Craig O’Hara, The Philosophy of Punk: More Than Noise (1995)

A menudo, los árboles no nos dejan ver el bosque. Es por eso que solemos buscar respuestas demasiado complejas a preguntas relativamente sencillas. Para Stewart Home, autor de El asalto a la cultura (1988), el concepto de punk trasciende lo estrictamente musical, dando pie a un movimiento cultural que difícilmente puede abordarse desde planteamientos puramente académicos. Se trata de una actitud vital que trasciende el fenómeno sociológico, se resiste a identificarse con una ideología política determinada, y que es fruto de una aspiración legítima y mucho más antigua. Un fuego revolucionario que se propaga hasta la actualidad como el verdadero agente transformador de nuestra sociedad. Por eso en la portada del libro de Home, el arte esgrime una ametralladora.

Pero la imagen no debe interpretarse literalmente como una llamada a las armas, por más que el punk nazca de la pura negación, del ruido y de la furia, la anarquía y el nihilismo. Árboles que no dejan ver el bosque, aun cuando lleva más de un siglo ardiendo. Tampoco es casualidad que The Great Rock’n’Roll Swindle (Julian Temple, 1980), el revelador trampantojo protagonizado por Malcolm McLaren y los Sex Pistols, se estrenase coincidiendo con el segundo centenario de los disturbios encabezados de Lord George Gordon y que culminarían con el incendio de la penitenciaría de Newgate.

Sex Pistols – Anarchy in the UK (1977)

«Estoy contra los sistemas», declaró Tristan Tzara en uno de sus exabruptos dadaístas de 1916. «El más aceptable de los sistemas es no tener por principio ninguno». La cita no hubiera desentonado entre las estrofas: «Soy un anticristo / soy un anarquista / no sé lo que quiero, pero sé cómo obtenerlo / quiero destruir». Del mismo modo que las vanguardias artísticas surgieron como respuesta al profundo malestar del periodo de entreguerras, el punk es producto de otra época de crisis en la que se cuestiona los valores de una sociedad responsable de su propia bancarrota. Tomando al pie de la letra el Manifiesto Futurista (1909) de Marinetti, el ideario revolucionario del punk consistía en demoler el pasado para crear el futuro: «Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias variadas y combatir el moralismo». Esto es, hacer tabula rasa bajo el lema de “punk or destroy”. Bastaron tres acordes.

“Esto es un acorde… ahora monta una banda”. 

Fanzine Sideburns nº1 (1977)

«En 1977 espero ir al cielo / he estado demasiado tiempo en la cola del paro / y no puedo trabajar», se quejaba Joe Strummer. «No habrá Elvis, ni Beatles o Rolling Stones (…) / Crees que esto no puede seguir así / los periódicos dicen que ha mejorado / pero no me importa, porque no estoy allí». El panorama que pintaban The Clash en su álbum homónimo de 1977 era la constatación de una realidad cotidiana. La industria musical había generado un cúmulo de grandes escenarios donde las rutilantes estrellas del pop alardeaban de vestuario y contratos millonarios, mientras los jóvenes se sentían cada vez más marginados por el sistema. Algunos invirtieron el subsidio de desempleo en una guitarra eléctrica, sin tiempo ni dinero suficiente para aprender lo que necesario para para empuñar un instrumento. En sus manos inexpertas, los instrumentos se convirtieron en fusiles. Tenían mucho que decir y para eso no hacía falta tener una voz privilegiada, sino más bien todo lo contrario. Una voz que gritara realidades: «No tienes dinero / Por tanto, no tienes poder / Ellos piensan que eres un inútil, ¡así que eres un punk!».

The Clash – Career Oportunities (1977)

Entonces, ¿eran también punk bandas australianas como The Saints o Radio Birdman, ya en activo en 1974? ¿Y qué hay de Los Saicos, pioneros peruanos, una década antes? Resulta evidente que la genealogía oficial el punk abunda en mitos y presenta no pocas lagunas históricas, empezando por su propia nomenclatura. En su acepción más literal, “punk” se traduce como “vago, inútil, despreciable, basura o escoria”. También era «la palabra que resumía todo lo que nos gustaba: las borracheras, las cosas desagradables, la inteligencia sin pretensiones, el absurdo, las cosas divertidas e irónicas», en palabras del neoyorquino Legs McNeil, fundador junto a John Holmnstrom y Ged Dunn del fanzine del mismo nombre, y co-autor junto a Gillian McCain de Por favor, mátame: la historia oral del punk (1996). Motivados por el aburrimiento y la falta de medios alternativos, crearon una revista dedicada a glosar la vertiente más incendiaria del underground: The Stooges, MC5, The Velvet Underground, New York Dolls… Antes que limitarse a consumir lo que el mercado estaba dispuesto a ofrecerles, crearían y consumirían sus propios productos, recogiendo el testigo del garaje punk de finales de los sesenta al amparo del “hazlo tú mismo”. La cuestión era diferenciarse del mainstream que los había dejado en la cuneta.

Con Personality Crisis (1973), New York Dolls travistieron el glam-rock en punk

Mientras los Pistols escandalizaban al Parlamento con su God Save the Queen (1977), el East Village neoyorquino se había convertido en el epicentro del arte contemporáneo gracias a Andy Warhol, Robert Mapplethorpe, Jean-Michael Basquiat y Keith Haring entre muchos otros. Por eso «la verdadera historia del punk no puede dividirse en capítulos porque se difumina en demasiados ámbitos: el cultural y social, el musical y el de la moda», como asegura Phil Strongman, autor del libro La historia del punk: el movimiento juvenil que transformó la escena musical y social en el mundo (2008). Su biografía es también la de dos ciudades aparentemente lejanas, Nueva York y Londres, que sin embargo compartían elevadas cifras de paro juvenil, desigualdad social y altercados racistas. También dos escenas musicales en plena efervescencia, difícilmente comparables a simple vista pero en última instancia complementarias. Ya fueran Television, The Ramones, Blondie o Suicide en la Gran Manzana, los Sex Pistols, The Clash, The Damned y Siouxsie & the Banshees a orillas del Támesis, el punk se confeccionó un traje a medida: rebelde, fresco, contestatario y, sobre todo, igualitario.

The Blank Generation (1976), documental de Amos Poe sobre el NYC punk.

¿Podrían entenderse los versos de Patti Smith o Richard Hell sin mediar de por medio la generación beatnik? Si en Estados Unidos el punk tomaba un rumbo más intelectual y poético, en el Reino Unido la urgencia melódica de The Undertones y Buzzcocks convivía con las consignas políticas de The Jam y Stiff Little Fingers. Subcultura en América y contracultura en Europa, el punk representó, desde su inicio, la expresión musical de la anarquía. El descontento juvenil de los años sesenta había perdido para siempre su inocencia, y aquellos demenciales chicos acelerados”, sobre los que una década más tarde cantarán Eskorbuto, exhiben su ira por distintas pasarelas.

The Jam – Going Underground (1977)

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Algunos dirán que mi vida atraviesa un bache
Pero estoy bastante satisfecho con lo que he conseguido
Algunos dirán que podría haberme esforzado por conseguir algo más
Pero soy tan feliz que no veo la razón.

Hoy está pasando algo aquí.
Una demostración de fuerza de los chicos del Parlamento
Pero yo soy tan feliz y vosotros tan amables
Queréis más dinero y, por supuesto, a mí no me importa
Para comprar manuales nucleares para crímenes atómicos.

Y el público obtiene lo que el público desea
Pero yo no quiero nada de lo que esta sociedad tiene.

Estoy marginado
Sonará la banda de música y los pies comenzarán a retumbar
Estoy marginado
¡Que los muchachos canten y los chavales griten por el mañana!

Algunos obtienen placer al odiar
Yo ya he tenido ración suficiente
Algunos necesitarán tensión para relajarse
Yo estoy demasiado ocupado
esquivando el fuego antiaéreo

Lo que tienes es lo que ves
Has hecho tu cama mejor de lo que yaces en ella
Escoges a tus líderes y depositas tu confianza en ellos
Pero sus mentiras te ahogan y sus promesas se oxidan
Verás cómo los cohetes y las pistolas
sustituyen a los riñones artificiales. (…)

Hablan y hablo hasta que mi cabeza explota
Pongo las noticias y mi cuerpo se paraliza
Esa oveja que bala en la televisión hace gritar a este chico
Hace chillar a este chaval.

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Escrito por David Bizarro

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